En las penumbres de esta noche clara
sigilosa te deslizas,
y por los rincones de los bares
miras a los tristes caídos.
Quizás no tienes nombres en estos lugares
pero yo te conozco,
te conozco la cara
y sé que me buscas.
Desde la lejanía te siento
por tu aroma a fiesta amarga,
a tintos y a risas
llorando por la algarabía.
¿Es que no tienes miedo
a los polizontes amables
que surcan lo interminable
o a los titanes infelices?
Escondido tras las rejas solares
te he visto sollozar
suplicando el perdón final
suplicando libertas.
Pero la cuidad no sabe
de tu tortuoso camino
y te juzga con otras leyes
que no entienden de misticismos.
En qué ha quedado mi noche
cuando fría te avalanzas
sin sentir las lágrimas
de los inocentes críos.
No tenemos esperanzas
pues tu eres hija de algo
que se deleita ser celestial.
entonces que puedo hacer yo
en mi humilde convalescencia
sino llorar por la tristeza,
la tristeza humana,
casi sin límites.
Y las estrellas parpadeantes
quieren iluminar lo ya perdido,
en ausencia de la luna,
prisionera del olvido.
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